Posteado por: Es Cau | abril 25, 2010

TANGENCIALIDAD Y SOLEDAD

La soledad nos acompaña desde los primeros instantes de la concepción y ya no nos abandona ni después de la muerte. La soledad, no es más que ser uno mismo, uno consigo mismo, y está ahí cada vez que somos capaces de enfrentar un problema y darnos cuenta que ni hay, ni habrá, quien lo sufra, padezca o solucione por nosotros.

Al final del camino, no importan las ayudas, ni las posibles guías, ni los hombros para llorar o el alivio de unas manos que acarician, al final, solo somos uno delante del universo y con eso nos debe bastar. Hay que estar preparados. Las aguas siempre llegan a nuestro delta, no importan las cascadas, meandros o estepas que hayamos recorrido, o con quien lo hayamos hecho.

La tangencialidad pretende esquivar la soledad por el camino de la negación de cualquier problemática que nos suponga la toma de decisiones pasadas, presentes o futuras. Con ello la vida es río, no hay remansos que nos obliguen a discernir y profundizar en una toma de decisiones o interiorización de realidades adversas o complejas, la vida queda basada en un movimiento continuo y superficial, en el que tanto lo adverso como lo beneficioso no son manipulables y consecuentemente no hay razón por la que debamos alterarnos, solo hay que vivirlo. En otras palabras, si ha de ser bueno, de qué me preocupo, y si ha de ser malo, para qué perder el tiempo pensando en ello. Lo que es, es, así que seguimos fluyendo sin que nada perturbe nuestra tangencialidad. La vida es un pasar aceptando el destino sin pataleos, sin luchas, sin aciertos ni errores, en definitiva sin las soledades que acompañan todo ese proceso.

Es el miedo a uno mismo, un mecanismo de defensa para  evitar reconocerse con sus debilidades y fortalezas, a quererse, aceptarse y abrirse finalmente a los demás.

Tangencialidad y escepticismo van de la mano, son dos figuras similares, en ambos casos hay una voluntad subconsciente por negar la incidencia de la realidad en nuestros sentimientos, o buscar un camino que la deje en pausa. Aquello que no sea demostrable, no existe. Aquella posibilidad futura de error, de caos, de accidente, no puede darse mientras no sea demostrable empíricamente, o en último caso haya ocurrido y ya sea constatable.

Pero aún hay más, cualquier justificación, demostración o evidencia supuesta, que pueda sustentar una causa futura o pasada, solo será aceptada bajo los supuestos de análisis propios, aquellos que uno mismo impone como necesarios. Es decir, en definitiva, que el escéptico establece mecanismos de prueba, que según sus intereses, podrán o no ser efectivos, con lo que se cierra el círculo  y nada puede ser validado o rechazado en contra de su voluntad.

No hay espacio ni para la alegría desmesurada ni para la tragedia, todo es como aparenta ser, no hay interpretaciones más profundas, nada debe alterarnos, se trata de un inmenso océano de un milímetro de profundidad, efectivamente tangente a la superficie.

La soledad transita despacio.

 Todo esto viene al caso por la forma contrapuesta de enfrentar una misma situación, con la salvedad de que solo uno ciertamente la padece. La semana de espera para conocer los resultados del análisis que determinará si hay un cáncer o no, no es un trago fácil, se abren bastantes dudas, y proyecciones futuras de lo que debería hacerse en un caso u en otro. No importa si lo que es, finalmente es, y el cáncer es inevitable, aún así se abrirá un mundo de posibilidades y dolores de una profundidad imprevisible.

No me imagino cómo se puede lidiar esta situación desde una posición de superficialidad y escepticismo, es inviable. Este mecanismo de defensa frente a la debilidad de uno consigo mismo no tiene asidero creíble y su mundo se desmoronaría en una lucha desigual y desconocida. La realidad de los sentimientos, las dudas, los oscuros mundos de lo desconocido, no podrán ser evitados y aflorarán hundiendo la tangencialidad en un abismo.

La soledad nos hace más fuertes y la profundidad de nuestros pensamientos, la búsqueda de diferentes caminos en la adversidad, aún a contracorriente, nos hace más humanos.

Aún con todo esto, con esta realidad fatal y dramática de estar solos y desnudos en el instante final, las ayudas y los meandros que nuestro curso pueda dar para entender, interiorizar, aceptar, negar, rabiar o manipular la realidad, son recibidos con cariño, la paciencia se convierte en virtud y los perdones en una necesidad. De nada sirve negar el sufrimiento ajeno tratando de desconocerlo, amparándose en una tangencialidad imposible.

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Responses

  1. Serigo, me ha gustado mucho, Te lo comentaré, así com el resto de tu mail, que te agradezco muchísimo.

    Javi


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