Posteado por: Es Cau | mayo 7, 2010

IMPRESIONES DESDE EL QUIRÓFANO

La camilla va deslizándose por el pavimento vinílico del pasillo, hábilmente manipulada por el enfermero que desde la parte trasera, como un gondolero, va esquivando las esquinas y los ocasionales visitantes. Mis pies, cercanos a la proa ya no van simuladamente abriendo a golpes las puertas dobles de acero, ahora son automáticas y vamos navegando viento en popa.

No voy estirado, prefiero reclinarme en mi suave cama de finitos movimientos, prefiero ver el recorrido que voy dejando a mi paso, la óptica fugaz de los colores, las señalizaciones ordenando el desconcierto, las personas que pasan de perfil mirando de reojo, los pensamientos de compasión de la pareja sentada a lo lejos, los lloros que emergen por las rendijas de una habitación, o la mirada juguetona e inocente del niño que se encuentra en el piso equivocado. Voy pensando en un futuro incierto, en una experiencia nueva detrás de la siguiente esquina, cuando los hombres y mujeres de verde empiecen a aparecer, moviéndose de un lado para otro sin aparente motivo y con sonrisas de bienvenida…………………al mundo del sueño incierto.

La última puerta automática se cierra, ya estoy dentro del nuevo orden, el de los dioses verdes y los cuerpos pacientes ataviados con taparrabos y camisones que esperan la gracia del bisturí y el perdón de sus pecados. Cinco sonrientes caras se me acercan y me reciben regalándome una confianza que me falta. No les creo mucho, soy un cuerpo más, en la fila para el despegue.

Todo ocurre bastante rápido y ya estoy dentro del pabellón. No es tan reluciente como me lo imaginaba, ni de acero inoxidable, ni de diseño futurista, ni tan siquiera el piso parece de un material de última generación con esquinas redondeadas. Una sala más, pensé, que no me entrega mejor sensación de prístina limpieza que una cocina de diseño. Por un momento, mientras mi vista va recorriendo el perímetro, me acuerdo de la sala de operaciones del Instituto Barraquér de Barcelona, un auténtico alarde de diseño, deberían verlo………………………..como siempre, la arquitectura aflorando su puntiagudo ser en mi vida cotidiana.

En el centro, el altar, la moderna mesa de sacrificios, redenciones y esperanzas, toda la fuerza centrífuga se concentra en él, todo está pensado para que sea el máximo protagonista, como en las pirámides mayas.  En un momento, trescientas manos ya me han pasado en volandas y estoy involuntariamente expuesto al sacrificio. Ahí empieza el compás de movimientos sincronizados y rutinarios, unos me exponen la zona operable, otros me ponen una largas calzas blancas, a la vez, mi brazo derecho se envuelve en ropas verdes y queda pegado al tronco, inamovible, mientras que el izquierdo, abierto y expuesto, se le ofrece al anestesista para que inicie su secuencia de pinchazos y arme todo el entresijo de válvulas y tubos para meter, sacar o inyectar lo que sea necesario en mi cuerpo ya entregado.

La anestesia fluye, el mundo se va, abro lo ojos con fuerza para que no piensen que ya me he dormido y suspendan la dosis, finalmente me voy. Ya no pienso, no sueño, no existo, estoy en un sueño imposible, un espacio artificial sin puertas ni ventanas, solo ellos me pueden sacar. No me he despedido, todo podría acabar aquí y no me daría cuenta. La cámara se aleja verticalmente, soy el centro del universo, todo se mueve a mí alrededor, estoy en el cosmos más negro y absoluto donde cuerpo y alma son dispares. Podría huir y fluir en silencio, ágil, flexible, lleno de contorsiones que me liberen de las ataduras y penurias de la mente, para ser solo alma grande, la primera y única partícula de la existencia.

Pasan las horas y el oído me devuelve al cuerpo, un aterrizaje sorpresivo, confuso, inquietante, tengo que amoldarme de nuevo, empezar a procesar los sonidos, calibrar y evaluar las voces que escucho revoloteándome sin acierto ni concierto. Mi cuerpo tiembla, por momentos convulsiona. ¿Es frío, o sencillamente un proceso de adecuación interna entre alma y carne, vida y materia? Poco a poco las voces se hacen inteligibles, vienen desde la lejanía y oigo dispares e inconexos comentarios, entre ellos la palabra prohibida: “cáncer”, y mis convulsiones vuelven como un rechazo, ¿para qué entonces este cuerpo?, ¿para qué estos sueños?, ¿para qué volver del cosmos ingrávido  donde todo fluye en calma?

Desde las alturas.

Poco a poco la nebulosa se va despejando, la vista borrosa me da otro sentido, que a medida que se aclara me ancla más a una realidad ya innegable, estoy de vuelta. Me miro, me escucho, me toco, y aún dentro de este sopor ingrávido todo parece bastante normal. Poco a poco la vida se va retomando y la mente, ese incansable guerrero que todo lo complica, va reflotando las realidades cotidianas, y ante semejante espectáculo decido amarrarme a la inconsciencia aún latente y abandonarme a la felicidad del ser transparente, por un tiempo más.

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Responses

  1. Si algún día te jubilas de arquitecto y espero que sigas a lo Niemayer, te podrías dedicar profesionalmente al noble arte de la literatura.

    Un abrazo.

    Alejandro


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