Posteado por: Es Cau | mayo 29, 2010

ARQUITECTURA y VIDA, SUSTENTABLES

Estoy participando de un diplomado en arquitectura sustentable o sostenible, que me entretiene para asentar fundamentos y me da pié también para enlazar con algunos pensamientos de la vida cotidiana.

La cercanía con la naturaleza, su contemplación en la distancia y mi participación  en ella desde el respeto, es un tema que siempre me ha interesado, de ahí que en algún momento preclaro de mi vida decidiese hacerme un refugio “sustentable” en un lugar apartado dónde las redes de la civilización no llegaban, y por suerte aún no llegan del todo.

Efectivamente, escribir, soñar, pensar y mirar es ahí mucho más viable y reconfortante, la vista entera se me abre llena de esplendor, o la noche oscura y transparente me encierra entre sus palmas hasta llenarme de la cálida sospecha de un universo lleno de artificios, el viento, a veces finito, a veces infinitamente constante me regala la sensación de que vivimos inmersos en un fluido en el que nos falta aún aprender a nadar y flotar,  y el estruendo permanente de las olas me posiciona geográficamente y me recuerda que soy hijo de la costa, de mares transparentes y pixelados, de pasos descalzos hundiéndose en la orilla y de la luz mediterránea que te envuelve como un pañuelo.

Nada es mejor que mirar el movimiento desde la pausa tranquila y reposada de la distancia, nos permite evaluar, desde la cordura y el sentido común, los anuncios del mañana y los hechos del pasado.

Esta arquitectura sustentable llena de energía fotovoltaica y eólica me ayuda a aflojar los lazos y exigencias de nuestra cultura,  a flotar y dejarme llevar, evaluar en la distancia y someterme al corazón. Hay otras culturas que empiezan a interesarme más, precisamente por ser más introspectivas, centradas en el hombre frente al universo de su existencia.

La arquitectura ha determinado buena parte de mi vida personal, mucho más que profesional, y ahora sus recetas de sobrevivencia me llevan también a la búsqueda de una vida  sustentable. Sustentable en el sentido de la aceptación personal, de la valoración de las metas obtenidas, fracasadas o pendientes, de desenredar la madeja de errores y aciertos en que acaba convirtiéndose la rutina diaria, conciliar las necesidades de expresión personal con el matrimonio y los hijos, descubrir mundos que nos ofrecen mejores posibilidades de realización personal o escuchar los delirios de la conciencia cuando se ve aterrorizada por una despedida temprana.

Finalmente parar.

Parar y respirar.

Respirar y mirarse.

Mirarse desde dentro.

El universo esta en nosotros.

He de suponer que la madurez te lleva a eso, a soltar amarras con determinadas exigencias auto impuestas y a centrarse más en aquello que te reconforta y no en la conveniencia del diario vivir. No en vano, la madurez, es el fruto que está a punto de caer, la sabiduría con uno mismo antes de partir, el descubrimiento de que aquellas verdades calladas que se tienen pero no se disfrutan, son para otros o en otras culturas, parte de sus realidades.

Abrir los ojos te lleva a la contemplación silenciosa, y cuanto más los abro más cerca estoy de la sustentabilidad y de lo vernáculo, esa arquitectura que nos acerca primero a lo que somos y no a lo que queremos ser, para desde ahí crecer con soluciones que nos engrandezcan por nuestra capacidad de complementación con el medio, sin las imposiciones absurdas de arquitecturas impertinentes y destructivas que no son más que egos personales luchando contra la lógica mas primaria del sentido común.

Igual pasa con las vidas arrastradas por la corriente, no son sustentables en el tiempo, carecen de sentido común y acabamos agonizando para sobrevivir dentro de un mundo de necesidades que nos hemos auto impuesto.  Así es la sociedad de hoy, estrecha de miras, que enclaustra a sus masas en un río de necesidades y desaloja del hombre su capacidad de creer en sí mismo, de hacer de su vida un proceso sustentable y enriquecedor para su mente.

En el Tíbet descubrí que la riqueza de su espíritu cultural está perfectamente reflejada en su arquitectura, y ambos se complementan en un camino común, donde la creatividad de los espacios se genera por la necesidad interior del hombre, y finalmente resulta en arquitecturas magníficas, vernáculas y a la vez vanguardistas, de aquella vanguardia que piensa primero en el espíritu y después en los egos, y acaba generando a partir de eso una estética propia y única, un equilibrio que perdura y no está sujeto a los vaivenes de modas o estilos.

Quizá el aislamiento, sea entonces la última solución para excluirse y permanecer auténticos, huir de esta globalización que arrastra con ella las peculiaridades de cada cultura hacia un fondo común, y las acaba convirtiendo en caricaturas, olvidando los cientos de años que moldearon su existencia.

Quizá, solo quizá, el Tíbet acabe siendo una puerta que debo abrir.

Por detrás asoma el cielo.

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Responses

  1. Me siento emocionada al ver que en este caso un colega pueda expresar con tanta precisión y sutileza conceptos y pensamientos que comparto plenamente .No hay dudas ,debe dedicarse a escribir .Le envío mis saludos desde Argentina.


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