Posteado por: Es Cau | diciembre 18, 2010

¿RELIGIÓN?

Parece bastante natural y lógico que el hombre  se proyecte desde su diminuto conocimiento a la búsqueda de respuestas sobre aquello desconocido e inexplicable para su tiempo.

Existe en esta relación, a mi modo de ver, un paralelismo entre la inmensidad de lo desconocido, la pequeñez de lo conocido y la impronta que las religiones, en su explicación divina de  aquello inexplicable, deja en cada época. 

Por un lado a mayor desconocimiento mayor es la necesidad de encontrar respuestas divinas, pero por otro, a mayor conocimiento más profundos son los interrogantes, y en eso hay quienes derivan la chispa inicial de la conciencia al proverbio divino, y hay quienes siguen indagando para desvelar científicamente la vida y el salto entre la simple sobrevivencia y la conciencia.

¿No puede  la adquisición de la conciencia ser un eslabón más en el desarrollo?

La creencia en un ser divino creador de la vida, que todo lo rige, ya no puede sustentarse en hechos inexplicables, otrora bastión inexpugnable de la sinrazón, sino más bien en aquello que la ciencia nunca podrá llegar a desvelar con un razonamiento científico, es decir en la Fe.

 La Fe es la voluntad de creer en que aquello que está más allá de la razón, y que se acepta como dogma en un acto de credibilidad ciega. En otras palabras,  el misterio de la Fe, que por su propia naturaleza es indescifrable y por lo tanto esta blindado a cualquier cuestionamiento, la solución perfecta.

 A mí, esto cada vez se me hace más difícil, especialmente cuando las comunidades religiosas muchas veces son incapaces de aplicar sobre ellas mismas aquello que pregonan, y cuando cada una reclama para sí la autenticidad de su único dios, en un acto de soberbia sin límites, especialmente a sabiendas de que los diferentes maestros que la historia nos ha dado, han coincidido en enseñar visionariamente una forma común de entender la vida desde el amor, y el respeto a los demás.

Cada Maestro atesora sus enseñanzas en diferentes épocas, circunstancias e incluso lugares geográficos, pero prácticamente todos coinciden en una base común sobre la que desarrollar la diversidad de sus enseñanzas, si bien algunos de ellos se respaldan en una divinidad única, creadora y  omnipresente, que todo lo ve y todo lo justifica, otros lo hacen desde el crecimiento interior del hombre en su búsqueda por darle sentido y perfección a su vida, de quien es su único juez.

Sería algo así como la división entre el barroco atemorizado de dios y el renacimiento soberbio  del hombre.

La problemática está en la difícil tensión entre lógica y creencia.

Una visión irracional me dice que aún puede haber algo divino que quizá pueda justificar el salto entre la vida parásita y la vida con conciencia, pero la lógica me dice que  quizá no ha llegado aún el tiempo de descifrar este secreto científico, pero sobre todo, la lógica me da señales  de que el futuro del hombre está en la evolución de su conciencia y el entendimiento y control de su capacidad de desarrollo interior, mucho más que en la voluntad de un dios divino y externo, solo justificable desde los insondables caminos de la fe.

 No se trata de que el hombre juegue a ser dios, sino por el contrario de que se perfeccione como ser humano buscando el equilibrio espiritual de su mundo interior de amor y sufrimiento. El universo esta en cada uno de nosotros, en nosotros están recogidas todas las maravillas de la vida consciente e inconsciente, y desde ahí es que debemos proyectarnos al mundo siguiendo los caminos que nos lleven a la iluminación.

 Todavía me acuerdo de las amenazas medievalistas e inquisidoras que me lanzó un avezado numerario del Opus Dei el día que, desde mi fe jesuítica de aquel entonces, me negué a seguir su solicitud de aproximación a la Obra. ¡Arderas en el infierno! me gritó, mientras bajaba por las escaleras de mi casa.

 Hoy pienso en ello, treinta años después, y me parece estar viendo una película entre cómica y deleznable, una sátira de la propia inquisición, una visión que en un pestañeo de la historia se muestra con un fundamentalismo espantoso, que a una velocidad vertiginosa ha perdido toda capacidad de sobrevivencia y credibilidad. Es una realidad excluyente, que reclama sus verdades como absolutas, y carece de la bondad que dice seguir. Es el reflejo de la máxima torsión que el hombre puede darle a su ambición por el poder, amparándose en el parapeto de lo divino.

La iglesia del hombre, que no la de su maestro.

 La iglesias o las comunidades religiosas, en tanto se erigen como la presencia de dios en la tierra,  se equivocan en su voluntad por ser juez y parte a su conveniencia, siguiendo la senda de la soberbia que las imposibilitan a reconocer sus errores, sus pecados más profundos, como si mostrarse pecadora y redimirse no hubiese sido una de las enseñanzas de sus maestros, y no fuese aquello que le exigen a sus fieles.

 Prefiero una comunidad humana, regida por el ideal del hombre, con sus verdades y errores, que aquella regida por hombres que basan su  poder en lo incuestionable, y por lo tanto dueños de verdades absolutas y del poder que ello conlleva sobre las masas, que necesitan vivir creyendo en un mundo mejor que apacigüe la dureza de sus vidas, algún día alcanzable, seguramente después de la muerte y por tanto desconocido.

 Lo divino es una ensoñación que todos necesitamos cuando no encontramos las respuestas y necesitamos encender o apagar un fuego interior.

Las respuestas están en el inmenso universo de nuestra conciencia.

 No son los maestros, los mesías o los profetas  quienes nos muestran sus enseñanzas, sino el hombre, quien atribuyéndose su representatividad, osa ejercer el dominio del poder de sus palabras sobre masas necesitadas de un mundo mejor y más justo. Es el hombre, que bajo un manto de bondad, es capaz de generar miedos, odios y temor, y en el nombre de su mesías ejercer el control y el poder de su ambición.

 Nada hay peor que la interpretación que se hace desde una fe incuestionable y fanática.

La ensoñación divina.

El dios de cada uno está en sí mismo, y ese es el camino de los maestros, directo y franco, para la grandeza del hombre.

El Buda, no escucha, no habla, no es divino, es hombre, iluminado por alcanzar la perfección, y su ejemplo nos abre el camino, pero no para ser sus rehenes sino para llenar nuestro propio universo interno y vivir en paz con nosotros mismos, venciendo al sufrimiento, y llenando de conciencia y sabiduría el río de nuestra vida.

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Responses

  1. Tengo mucho que decir y poco tiempo para expresarlo. Con tiempo dejaré mi comentario. Gracias por tu generosidad en compartir tu ser.

  2. Que las religiones institucionales o de masas no tienen consistencia para mi es algo ya más que superado. Basta que arañes un poco y se desmoronan o recurren antes de hacerlo a la fe, al dogma o a cualquier otra artimaña o interpretación retorcida.
    Pero la espiritualidad es necesaria y, por qué lo es: porque somos mortales. El ser humano es algo insignificante pero con capacidad de razonamiento y ese razonamiento le hace saber que morirá y al morir desaparecerá. Esto es algo dificil de digerir y nos lleva a buscar la trascendencia que es el verdadero caldo de cultivo de las religiones pues nos consuelan prometiendo esta o aquella vida eterna. Y seamos sinceros ¿quien no compra un poquito de eternidad?.
    La ciencia no tiene respuestas finales ni las tendrá nunca.

    Si logras creer serás feliz pero creer sinceramente es prácticamente imposible y a veces pienso que solo una mente muy limitada puede hacerlo sin reservas. Si no crees en algo estarás bastante amargado porque esto se acaba y se acaba rápido.

    Pero ¿existe o no existe un ente superior?. Un afamado cientificio dijo: ¿porqué se iba a tomar el universo la molestia de existir?. Para mi parece claro que hay algo y sobre todo, aunque sea más romántico que lógico, siempre podremos pensar que el amor (en sentido amplio) no es material, no requiere del concurso de materia y espacio para existir y por ello ni siquiera la desaparición del universo conocido lo podrá extinguir. Por tanto, se bueno y tendrás la eternidad.
    Un abrazo y feliz año -aunque en Chile no se estile felicitarlo antes del fin de año-

  3. Nací en un núcleo familiar en donde existía Dios, el cielo, el limbo y el infierno.
    Fuí bautizada y recibí la comunión como mandaba el Ser supremo. Mi infancia y adolescencia transcurrió en un ambiente escolar en donde unos personajes vestidos de negro decían tener la potestad de juzgarnos y decirnos constantemente lo que estaba bien y y lo que estaba mal…..
    ¿qué paso para que dejara de tener fe en el Dios que debía seguir guiando mi vida?
    ¿por qué llegué a la conclusión de que los miembros de la iglesia no estaban a la altura de representar a ese Ser Superior?
    Yo perdí la esencia de la religión, es decir la fe, durante mi adolescencia. Varias veces he intentado recobrarla ya que según cuentan es el mejor apoyo ante las adversidades, pero hasta la fecha debo afirmar que me ha sido imposible. Unicamente me quedan unas duda, ¿quién nos da la fuerza para vivir y la conciencia desde que salimos del vientre de nuestra madre?


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