Posteado por: Es Cau | marzo 27, 2011

EL PRINCIPITO, APPLE, ENERGIA, SOCIEDAD Y ARQUITECTURA

Hoy me he levantado con una tremenda ensalada mental como resultado de los acontecimientos dramáticos de estas últimas semanas, a los que no se puede ser ajeno en el cuestionamiento del marco de desarrollo en el que estamos encaminados.

Como siempre, los hilos del pensamiento acaban por hacer circunvalaciones insospechadas entre temas de distinta índole consiguiendo ver en cada uno de ellos razones y criterios que los hacen similares, referentes o unitarios frente a una misma situación. 

En los albores de mi juventud después de leer El Principito se me quedó una imagen grabada más allá de la serpiente con forma de elefante o la de los mundos individuales. El Principito después de ver pasar un tren raudo y veloz cargado de pasajeros en una dirección, y a los pocos segundos, otro semejante en dirección contraria, le pregunta a su interlocutor la razón por la cual esas personas se desplazan en sentidos contrarios. Después de escuchar la respuesta, haciendo uso de esa lógica infantil aplastante, razona no entender por qué las personas en lugar de desplazarse no se quedan donde están y hacen el trabajo de aquellas que debían llegar. Con esta simpleza retrata magistralmente una sociedad globalizada marcada por el absurdo.

Pareciera que Steve Jobs es uno de los pocos visionarios que leyó El Principito y entendió que el secreto del éxito está en alcanzar la compleja dificultad que entraña la simpleza, la intuición y la lógica infantil. La tarea de aplicar literalmente los más elementales códigos de la comunicación o de hacer simple aquello que en el trasfondo puede ser increíblemente complicado, resume todas las virtudes de una empresa visionaria, capaz de distinguir lo imprescindible de lo importante, y en lugar de sumar complejidades, restar dificultades.

La simplificación no es tarea sencilla, especialmente cuando nuestra naturaleza está regida por ese caos permanente que llamamos entropía. Conseguir ordenar las sociedades solo por el camino de la política y su infinito mar de regulaciones, no parece ser  la senda más propicia cuando además los intereses son cambiantes, y el Gadafi de turno pasa de ser recibido con honores, a un paria, en cuestión de horas, habiendo sido un tirano en cualquier circunstancia.

Simplificar significa depurar, obviar aquello que no es fundamental y rescatar los valores o necesidades primarias y las funciones ligadas a ellos. Es por eso que la simpleza requiere como punto de partida de la libertad de elección. Sin libertad no se puede escoger, y sin escoger no se puede reducir el caos ecléctico de esta sociedad a un modelo intuitivo que congenie con los valores naturales del hombre y permita su desarrollo. Estamos pues en que el punto de partida para alcanzar una sociedad más justa, es la intuición que da la libertad y el conocimiento para elegir sabiamente.

La apocalíptica experiencia de Japón en estos días ha devuelto a la palestra la discusión sobre las centrales nucleares, pero en realidad el foco de discusión debiera ser la creciente necesidad energética de nuestro modelo de desarrollo.

Basta con hacer algunos números para demostrar que las necesidades energéticas del futuro cercano  crecen exponencialmente sobre las actuales, y que esta demanda en tan corto plazo no puede conseguirse con sistemas productivos tradicionales, y mucho menos sustentables, aún produciéndose en este tiempo un salto tecnológico destacable.

Difícilmente podremos prescindir de la energía nuclear sin modificar el actual modelo descontrolado e insaciable de energía. Los esfuerzos no deben centrarse en producir más, sino precisamente en conseguir una vía de paridad entre sociedad y demanda energética que no la comprometa y permita su desarrollo natural, simple y sustentable.

A este modelo solo pueden aspirar los países desarrollados, con la tecnología suficiente para permitir una discusión crítica de la sociedad y proponer pautas de modificación que la tecnología haga viables. Propuestas basadas en la capacidad de las herramientas actuales para provocar sinergias que modifiquen el comportamiento social y la globalidad mal entendida, y focalicen el desarrollo mediante un consumo racional de la energía. Solo cuando alcancemos un modelo ajustado del consumo, evitando los excesos y derroches energéticos heredados de los felices sesenta, podremos elegir la matriz energética que queramos y no la que podamos.

La arquitectura no solo es el espejo de su sociedad particular, sino que tiene un rol activo y decisivo en las nuevas propuestas sociales de agrupamiento y modelos de convivencia surgidos de la globalización.

Si bien originalmente fueron las condiciones climáticas y sociales las que determinaban la tipología constructiva de los pueblos, traduciéndose posteriormente en arquitecturas vernáculas, hoy en día son básicamente las condiciones energéticas aplicadas al consumo y los materiales,  los que determinarán la nueva arquitectura y los modelos de agrupamiento social. Consecuentemente los arquitectos tienen en su mano, más que nunca, la forma de moldear la convivencia de las futuras sociedades globalizadas y multirraciales.

La dependencia energética y su condicionamiento al modelo social futuro nos abre dos caminos posibles, de los que probablemente el más adecuado, tal como predica el budismo en su particular Dharma, será el “camino del medio”, aquel precisamente que tiene la capacidad de encontrar el equilibrio entre los extremos.

Busquemos el "Dharma" intermedio.

Por un lado el reencuentro con la arquitectura vernácula y su sabia adaptación a las realidades geográficas y climatológicas, con el  control del consumo energético para vivir en ellas, atomizando nuevamente la sociedad que quiere volver a su madre tierra. Por otro, la tecnología salvaje capaz de robotizarnos y agruparnos en ciudades verticales, con ambientes de climatología controlada y autogeneración de energía, lejos de la tierra, ajenos a las geografías y en mundos casi virtuales.

Para un caso y para otro, lo que me parece sustancial es que desde posiciones antagónicas las nuevas sociedades y sus arquitectos deberán basarse en un modelo en el que se racionalice el trasiego de personas y mercancías. Para ello estarán las tecnologías que nos permitirán convertir los puestos de trabajo en nubes virtuales desde nuestro hogar, las relaciones personales distantes en presencias holográficas, y la recuperación del sentido de pertenencia e  identidad de cada lugar.

Así, la arquitectura, como contenedor y a la vez moldeador de estas sociedades y su forma de vida, tiene una tarea gigantesca por delante, y deberá rebuscar en su pasado para conseguir alcanzar con éxito una propuesta “intermedia” que responda a la inevitable globalidad, pero a la vez converja con la realidad vernácula de cada lugar particular, respetando la diversidad, enriqueciendo el esqueleto de una arquitectura común, pero con materiales y soluciones bioclimáticas locales, controlando finalmente el consumo energético a niveles racionales y sustentables.

Las ciudades del futuro, probablemente de arquitectura vertical, responderán a soluciones mixtas del control energético: la vía tecnológica, la de las soluciones arquitectónicas vernáculas, y el control a niveles racionales de la energía del transporte de personas y mercancías, todos ellos en los que la aplastante lógica infantil de El Principito, o los conceptos de simpleza de Apple, sean finalmente posibles.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: