Posteado por: Es Cau | abril 29, 2011

VIAJAR CON EL SOL

Viajar de oriente a poniente, a lo largo del mismo paralelo y con un trayecto suficientemente largo y diurno, nos da la oportunidad de acariciar la sensación de viajar con el sol y tomar posesión de las sensaciones y contradicciones que ello provoca.

“Viajar con el sol” es una afirmación poco rigurosa cuando en realidad seguimos acompañando a la tierra en su rotación, si bien la percepción que tenemos es la contraria, la misma que tuvo Aristóteles al sentirse el centro de un universo que rotaba a sus pies.

A pesar de la declaración de Einstein de que es imposible subirse a un rayo de luz, dadas las características del comportamiento de su velocidad respecto de cualquier observatorio, la primera impresión que me seca la garganta, mientras miro por la ventanilla del avión, es la de estar encaramado sobre algún tipo de  rayo que me permite orbitar el paisaje y a la vez mantener fija mi posición respecto del sol.  

Esta extraña situación, permite bloquear la velocidad del avión y observar la rotación de la tierra desde un punto imaginariamente fijo. Con ello experimento por unos minutos el desapego de nuestra vida cotidiana y la miro desde una óptica imposible.

En varios de mis comentarios en este blog he insistido en que hoy en día la velocidad rige nuestras vidas hasta niveles de desesperación y deshumanización. Es un tren desenfrenado y sin destino, surcando a velocidad creciente el tiempo real de la naturaleza de nuestra existencia. Hemos perdido la consecuencia con los tiempos naturales, para crear otros tiempos paralelos regidos por la velocidad como única constante creciente.

Con ello, poco a poco, perdemos la noción del tiempo natural, y pasamos a regirnos por tiempos veloces y artificiales. Día y noche pierden sentido;  juventud, madurez y vejez, no son ya estados asociados a un ciclo natural, sino  características de nuestra capacidad de adaptación a la evolución de la sociedad.

Entonces, desde mi cómodo asiento alado, no solo puedo encapsular la velocidad de estos tiempos virtuales, sino que más allá de eso, puedo incluso ausentarme del tiempo orgánico que rige la naturaleza primaria del hombre en la tierra, al sentirme externo a su rotación. La toma de conciencia de esta posición mental privilegiada, exenta de los agentes naturales que determinan nuestro tiempo, me permite tomar distancia de los hechos mundanos, de mi ciclo de vida, de las realidades cotidianas, de las presiones que las diversas velocidades imponen y de las exigencias por cumplir metas imposibles.

Flotando en esta ausencia, puedo tomar de nuevo las riendas de un pasar dependiente de los ciclos vitales, reconquistar la humanidad del nacimiento, alcanzar un equilibrio mental consonante con la naturaleza, revivir desde la expansión interior, abrazar la creatividad de una imaginación liberada, y desde esta liviandad y libertad concederle a mi alma el conocimiento de su existencia desde tiempo sin principio.

Volar es un oasis

Al tomar tierra, me quedé pensando en las sorpresas que un simple viaje puede regalarnos, y tranquilamente, esbozando una sonrisa pausada,  abandoné mi oasis mental y aterricé de vuelta a  mi frágil equilibrio diario.

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