Posteado por: Es Cau | mayo 20, 2011

EL FIN DE LA PACIENCIA

Dicen que con el paso del tiempo nos vamos haciendo más sabios. En realidad lo único que hacemos es aumentar el bagaje de experiencias vividas, que ante la  repetición de determinadas circunstancias propias o generacionales nos permiten optar por diferentes caminos, abordar así los hechos “más sabiamente” y conseguir efectos más controlados.

Ni somos más listos, ni más sabios, ni más tontos, solo aplicamos la lógica de lo ya vivido o de la teoría del acierto-error, bajo el conocimiento de un historial que nos entrega herramientas de evaluación proporcionales a la edad.

Vamos dejando atrás la cima de la inteligencia científica,  creativa, o reflexiva, pero nos acercamos a una mejor inteligencia emocional, aquella que desde mi punto de vista, se basa en gran medida en la sensatez y el sentido común, características que muchas veces, en la vorágine de la creatividad y la sed por acumular conocimientos, se diluyen.

El paso del tiempo nos da entonces un mayor equilibrio humano, entre el conocimiento y la reflexión, la búsqueda y la pausa, la velocidad y el placer de la contemplación.

 Existe sin embargo un factor decisivo.

Silencioso e imperceptible durante la juventud, sobrepasado por la energía desbordante, las hormonas, y la capacidad de reinventarse desde esa explosión que es la búsqueda del conocimiento a cualquier costo, permanece como una cualidad secundaria para la mayoría de los jóvenes. La paciencia no tiene aparentemente cabida en este río veloz de la vida.

 Algunas culturas han hecho de ella un arte, y han conseguido inculcar en sus generaciones el valor de la pausa antes de pasar a la acción, y por ende la capacidad de la reflexión que nos acompaña cada vez que somos pacientes.

No importa que tan veloz sea la sociedad de estos días, podremos adaptarnos a ella con mayor éxito cuanto más pacientes seamos, y busquemos pequeños huecos de paciencia entre nuestras acciones.

Pero, ¿qué es la paciencia?

Para mí, es un alto, una pausa instantánea con una reflexión inmediata.

Es un silencio.

Su tiempo puede ser insignificante o prolongado, no importa, casi siempre es proporcional a la acción inmediatamente posterior, y sus beneficios son extraordinarios.

De este momento breve, despreciable para la sociedad de las redes sociales donde todo es instantáneo y explosivo, acaba naciendo la semilla que con el tiempo dará como fruto la tolerancia y la reflexión, en definitiva la riqueza de una vida desde la que disfrutar de diferentes perspectivas que nos permitan acuñar buenas decisiones, asumir la responsabilidad cierta de nuestras acciones, y relacionarnos de forma prudente y respetuosa. Decisiones pensadas y evaluadas desde el equilibrio, a veces emocional, a veces inteligente, pero en definitiva el resultado de un proceso de reflexión que solo es viable en la pausa de la paciencia y con el silencio de las urgencias.

Pausa

 En estos días siento que mi paciencia, si alguna vez la tuve en la medida que me hubiese gustado, se me está escapando sin darme cuenta más que a través de su consecuencia más dramática: la intolerancia ante hechos o circunstancias mundanas. Sin duda ha de haber un componente de personalidad, pero el punto crítico que hace la diferencia esta, en mi sentir, en los caminos opuestos que a partir de cierta madurez se dan entre la persona y la sociedad. La persona, que trata de acercarse a su profundidad humana en contraposición simétrica a la sociedad en la que vive, que sigue con su huida hacia adelante, sin un rumbo claro de conquistas y principios.

En este momento de su vida el hombre gira sobre sí mismo y se hace ombligo nuevamente, vuelve a su interior, a sus valores y a sus luchas internas, y por lo tanto asume un ritmo propio, necesario y vital, desquitándose de la paciencia necesaria para tolerar otros tiempos, otras formas, otras perspectivas, y por sobre todo, al menos en mi caso, los tiempos perdidos que ni son productivos ni son contemplativos, esos espacios intermedios y anónimos, sin valor de ningún tipo, a los que la sociedad nos empuja cada vez con mayor fuerza.

 El fin de la paciencia, como acto instintivo del retorno al “yo”, debiera llevarnos al principio de la meditación, como una solución premeditada para volver a la sociedad desde esa otra perspectiva.

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Responses

  1. Sí, la paciencia te lleva a la reflexión y a la tolerancia. NO naces con ella, la vas adquiriendo a lo largo de los años pero no de forma natural, requiere un gran esfuerzo; pero si logras enraizarla dentro de tí produce un extraordinario bienestar.
    La paciencia es una medicina de amplio expectro y con un solo efecto adverso que podria ser la pasividad.


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