Posteado por: Es Cau | junio 27, 2011

LA ESTABILIDAD ES EFÍMERA

No nos damos cuenta, pero día tras día luchamos instintivamente por mantener la frágil coordinación de todos aquellos valores que son necesarios para una paz mental a nuestra medida, aquella paz necesaria y suficiente que nuestra mente particular requiere para mantenerse balanceada y en un estado de suficiente armonía.

Son muchos más los factores que pueden alterar esta armonía que los que pueden ayudarla, al igual que son muchos más aquellos que pueden falsearla, que aquellos otros que ciertamente contribuyen a alcanzarla. Discernir entre unos y otros es tarea compleja mientras vivimos en la continuidad uniforme y veloz de la sociedad del bienestar, hasta que cualquier acción insospechada nos despierta para devolvernos a las bases fundamentales de la felicidad.

Algunos tenemos estabilidades emocionales efímeras que de tanto en tanto nos parten en dos para sumirnos en depresiones con diversas y variadas raíces. En ocasiones, ahogarse voluntariamente en el mundo de los silencios, parapetado por los muros de la mente y abandonarse a un tiempo sin tiempo, vacío, en el éter blanco y transparente del sosiego que surge  durante el descanso de las emociones; es un juego peligroso, pero seductor, que el subconsciente busca como un refugio. Lo he visitado repetidas veces, es parte de mi mochila, y se manifiesta cada vez que la estabilidad se rompe, para llevarme de inmediato al mundo de las transiciones.

Los tropiezos del amor o los errores profesionales suelen ser engranajes complejos y traicioneros con la estabilidad, en un caso, guiados por la irracionalidad del corazón, y en los otros por la ética del compromiso propio en la búsqueda de la excelencia profesional, no siempre alcanzable, ya sea por errores propios o presiones ajenas. El tiempo se encarga de convertir nuestros egos adolescentes en realidades humanas, llenas de angustias, miserias y dificultades. La peor lucha, la madre de todas las batallas, es con uno mismo, especialmente después de ser testigo directo de la fragilidad de la vida, que nos re-inicia  de forma brusca y poderosa.

Esta energía que vivimos, la misma que ni se crea ni se destruye, sino que solo se transforma, es  pese a su inmenso poder de vida, enormemente frágil y susceptible para cambiar de estado. Su  potencial de destrucción se basa precisamente en la capacidad para migrar de un estado a otro, y en eso, yacía mi hija inerte, abandonada de conciencia, la vista perdida sin ver, sorda a nuestra desesperación, secuestrada en un mundo interior desconocido para todos, y yo, ahogado por la incertidumbre del colapso emocional, que impide pensar, actuar y controlarse en la desesperación, solo quería sumergirme en ella, fusionarme, y rescatarla desde esos espacios sordos de los que soy pasajero conocido. Me sentía más capaz de socorrerla desde dentro que desde el frío cálculo de una inyección que mis dedos no alcanzaban a preparar.

 Una racionalidad arañada de emociones, desgastada, pudo sin embargo imponerse al duelo emocional del corazón, y volvió la luz, y la sonrisa, y se inundó la vista de mirada, y recuperó la piel su tono y temperatura, y a todos se nos regaló de nuevo la vida y su frágil equilibrio, para enseñarnos que cada uno, en su imperfección, guarda el mayor de los regalos.

Ahora es más amplia su sonrisa, más dulce el movimiento de sus manos, y yo sigo pensando en zambullirme en su mundo secreto, transformar mi energía cuántica en un río fluido y silencioso, regalarle mi chispa dorada, para encandilar sus ojos luminosos y asegurarle un futuro reconocible y brillante.

Imborrable sonrisa

 Nada es para siempre, se equivocan aquellos que ven su vida de bienestar como un espejo de reflejo infinito, y sobre esa base proyectan un futuro estable y controlado. Trabajo, matrimonio, hijos, todo es un universo de inestabilidades y luchas diarias, para acabar siendo equilibristas de circo, buscando un hilo continuo de emociones donde no puede haberlo. Si la energía solo se transforma, entonces solo podemos seguir un camino de transformaciones, mutando la realidad, la mayoría de las veces sin control. Es lo que somos, un cauce que fluye a veces pausado a veces tormentoso, y cuando nos creemos a barlovento, aparece el señor de los vientos para desconcertarnos con su rosa alborotada.

Mi hija, como la de todos, está ahí para quererla, pero también para devolvernos a nuestra fragilidad más básica y primaria, la que viene regida por el doble juego de la mente, esa mente prodigiosa para albergar conocimientos y emociones, y la otra, oscura y retorcida, que nos sumerge en el laberinto del yo profundo, aquel del que es imposible escapar.

Somos definitivamente nómadas, de naturaleza cambiante, de energía en permanente transformación, y en la medida que conservemos esa frescura, y esa conciencia contrapuesta entre lo efímero y el valor del presente, seremos capaces de sobrellevar los inevitables fracasos a los que nos abocamos cuando pretendemos controlar el destino bajo una vida segura y sedentaria, contraria al movimiento del universo.

Nada es para siempre.

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Responses

  1. Me ha gustado mucho tu escrito. Supongo que la foto de Candela es en Sudafrica, recién empezado vuestro viaje por medio mundo…..
    Tienes toda la razón, “el nada es para siempre” debería ser el lema de toda persona que quiera mantener su equilibrio interno, y el que a mí me ha ayudado en muchas ocasiones para recuperar el sosiego es “se cierra una puerta pero se abren dos”.
    Sí, se hace dificil vivir y hay que ser muy consciente que habrá más sufrimiento que disfrute.
    Un abrazo.
    Cristina.


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