Posteado por: Es Cau | agosto 14, 2011

ARQUITECTURAS IMPOSIBLES

La evolución tecnológica ha empujado la arquitectura hasta desplazar su centro de gravedad vital hacia la resolución de formas imposibles, geometrías de equilibrios inestables, o estructuras complejas. No es algo novedoso, pero sí inquietante cuando faltan los contenidos que lo justifiquen.

La historia está llena de ejemplos en los que la evolución de las técnicas constructivas y la aparición de nuevos materiales han permitido alcanzar nuevos horizontes y novedosas  propuestas anteriormente impensables. Esta es la arquitectura imposible, aquella que se ve como irrealizable pero se sueña, y que el tiempo se encarga de acercarnos para que finalmente algunos profesionales privilegiados puedan plasmarlas ayudados por encargos faraónicos, mecenas ególatras, presupuestos infinitos o jeques con delirios de grandeza.

Así se construye la historia de la arquitectura, y así evolucionan las sociedades en busca de nuevos horizontes.

Aún así, los retos arquitectónicos del pasado respondían más a necesidades vitales del hombre y sus circunstancias. Así, las iglesias góticas elevaban hacia el cielo el espíritu religioso de sus fieles y a la vez permitían el ensalzamiento del poder del papado, la revolución modernista buscaba nuevos cánones de  belleza y equilibrio, apoyándose en la necesidad creativa del hombre; y el movimiento moderno, “bauhaus”, buscaba una solución habitacional funcional y posible, que resolviese de forma equitativa y común la vida del hombre moderno y trabajador.

En definitiva esta evolución constructiva y arquitectónica respondía en gran medida a la expresión de las preguntas interiores del hombre, o a la del desarrollo de una sociedad común, regida por ideales y  principios.

Desde hace un tiempo la irrupción de la alta tecnología asociada a altísimos costos, y la recientemente estandarización del concepto “velocidad y consumo” como nuevos íconos de una sociedad cada vez más transparente y liviana, la ha despojado, en gran medida, de sus valores esenciales y su capacidad de regeneración desde el bien común. El consumo lo es todo y sus íconos acaban convirtiéndose en gigantes de cristal que rivalizan por la mejor foto de la vitrina a cualquier costo. Estos gigantes basados en realidades comerciales volátiles, están estandarizando poco a poco un modelo arquitectónico, y un modelo de sociedad,  cuyo aporte conceptual, muchas veces,  no ve más allá de sus loables logros tecnológicos.

A esta arquitectura imposible responden los “skyline” de Dubai, Qatar, Shangai, entre otros, que copan algunas revistas de arquitectura con propuestas cada vez más caprichosas en sí mismas, sujetas a modas o retos que les garanticen su lucimiento personal, y cuyo máximo exponente es el “Ohhh!” de las masas ante su presencia, una exclamación que no responde necesariamente a su interesante propuesta conceptual sino más bien a la solución ingenieril de un logro aparentemente imposible, y que augura con esa exclamación un mejor rendimiento comercial de la inversión.

También se han sumado, o más bien sometido, a esta arquitectura imposible  no solo las empresas sino las ciudades que buscan íconos extravagantes y derrochadores que las representen, y las sitúen de nuevo en el mercado turístico del consumo. Más de lo mismo.

Arquitectura imposible / Impossible architecture

En las antípodas de este movimiento, existe otra arquitectura imposible, mucho más humana y real,  que resulta de la lucha diaria y desigual del arquitecto con sus circunstancias. No se trata de la dificultad de soluciones tecnológicas, finalmente alcanzables con financiaciones ilimitadas, sino de los conceptos irrenunciables que luchan diariamente por subsistir en la luz de cualquier proyecto sin importar su tamaño, presupuesto o lucimiento, y son por tanto la esencia misma del arquitecto que toma su profesión con fe religiosa.

Este es el arquitecto que vive generalmente sumergido en la incomprensión de su cliente, quien no necesita, ni quiere,  entender conceptualmente las propuestas, y manifiesta una sensibilidad difícilmente pareja a la del arquitecto. La obra construida acaba siendo el resultado de una batalla desigual, del agotamiento hasta el último suspiro por salvar con victorias pírricas algunos gestos originales del proyecto, que pasarán a ser los únicos sobrevivientes de esa otra lucha que tiene el arquitecto consigo mismo a lo largo del proceso creativo.

Cada proyecto, desde su propia génesis hasta la obra final, es un juego interminable de obstáculos de todo tipo, la mayoría de los cuales de forma natural tienden a atentar contra las ideas fuerza que sostienen la propuesta del arquitecto, y poco a poco le van arañando a la obra su lectura arquitectónica, los espacios pensados, la iluminación tratada, las vistas controladas, el movimiento permanente, o aquello que le otorga el valor añadido del arquitecto. La obra será finalmente aquello que pueda ser, lo que su enorme océano de circunstancias le permita.

Arquitectura imposible / Impossible architecture

Nos encontramos pues ante dos arquitecturas imposibles, la una, maquetando los sueños y delirios de grandeza de esta sociedad del consumo y el derroche, copando publicaciones y premios, cuyo valor se apoya fundamentalmente en la capacidad de un proceso técnico para cristalizar una propuesta aventurada, que atente contra las leyes de la física, o inunde con su tamaño el horizonte de nuestros ojos.

La otra, es precisamente aquella cuyo valor radica en lo contrario, en el doloroso proceso de renuncias e incomprensiones conceptuales que desembocan generalmente en la mutación del proyecto construido, pero que mantiene el enorme valor silencioso y desconocido de las ideas sobrevivientes.

Estas obras no pueden juzgarse por lo que podían haber sido, sino por lo que finalmente llegaron a ser después de esa lucha titánica con sus circunstancias, que las posiciona como el resultado de una arquitectura imposible, que llena de valor a los arquitectos que en cada una de ellas se dejan una piel y un aroma a intensidad.

Estas arquitecturas imposibles tienen múltiples lecturas, abarcan una casuística enorme, pero en cualquier caso requieren del compromiso profesional, que con diferentes escalas, percepciones y logros, les otorga el mismo valor a los arquitectos de unas y de otras. ~

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