Posteado por: Es Cau | septiembre 20, 2011

ARQUITECTURA v/s CONSUMO

Hemos entrado de lleno en la nueva era de la sustentabilidad y la huella de carbono, y todos andamos felices rastreando nuestra estela de consumo en esta nueva etapa del hombre, que busca la reconciliación con la tierra y el perdón de sus excesos. El objetivo es ahora producir energía de consumo limpia y no contaminante,  mediante el uso de medios de generación renovables, en contraposición con el consumo de combustibles sólidos, finitos y altamente contaminantes. Sin duda, un planeta menos polucionado, que construye su desarrollo sobre la base de una energía que no agote sus recursos naturales y permita a la vez una mayor regeneración del medio ambiente, es una mejor oportunidad para que todos podamos vivir en un medio más amigable y sin alteraciones climáticas.

 Al margen de cuál sea el tipo de producción energética, verde o contaminante, existe otra corriente paralela, no condicionada por la primera pero que avanzan a la par,  que es la del ahorro energético. Consumir menos energía implica menor demanda, menor generación, y en eso, la susodicha arquitectura sustentable parece ser la cabeza de puente de esta nueva ola del progreso, en tanto es en la propia construcción y en el posterior uso de los edificios, donde se produce la mayor demanda energética de la sociedad. Se trata pues de agitar las banderas de un esfuerzo que busca, por sobre todo, el ahorro energético, pero luchando por mantener los niveles de confort alcanzados durante el derroche y el des-criterio heredado de los felices años anteriores. En otras palabras queremos seguir viviendo con el mismo nivel de confort pero gastando menos, propuesta deseable pero no siempre posible.

Como una consecuencia de lo anterior ha surgido otra tendencia como valor añadido, que sin ser imprescindible es altamente recomendable,  y es la recuperación y reinterpretación por parte de una masa significativa de arquitectos de los conocimientos que nos da la arquitectura vernácula en su vínculo con el lugar geográfico, y que nos entrega toda la información necesaria para conocer el medio en el que deberemos insertar nuestro proyecto.  Los conceptos de la sustentabilidad en la arquitectura no son nada nuevo y están implícitos en toda la arquitectura popular, la misma que por años ha sido olvidada por aquellos que han preferido dejarse embelesar por las luces de neón, el cristal al sol, y la alta tecnología como solución para todo, especialmente cuando el lujo estético prima por sobre la lógica del uso.

 Este gesto de mirar hacia el pasado, es lo que mucho más allá de las nuevas tecnologías, ha renovado la manera de enfocar los proyectos,  vinculándolos a su lugar geográfico, determinando entonces los materiales más apropiados, la forma conveniente en que la envolvente debe enfrentar el medio, el asentamiento y orientación lógicos, y todo ello con la búsqueda natural  de niveles aceptables de confort sin medios energéticos de por medio.

 No estamos descubriendo nada que muchos arquitectos con sentido común no hayan aplicado a sus obras por generaciones (me viene a la memoria J.A.Coderch y su espléndida casa Ugalde, un ejemplo de modernidad vernacular), pero si es cierto que la actual coyuntura obliga a que, ahora sí,  todos lo tengan en cuenta a la hora de esbozar sus ideas. Si muchos de los edificios actuales, especialmente urbanos,  hubiesen tenido esta mirada retrospectiva y hubiesen sabido enfrentarse adecuadamente a su medio, habrían conseguido una mayor  eficiencia energética por el simple hecho de saber posicionarse en el terreno y mirar su orientación, y una menor huella de carbono con la elección de materiales locales, y un diseño amigable y asimilable por la cultura local.

 Sin embargo, los herederos de la arquitectura importada del derroche, son los mismos que ahora se suman a esta nueva corriente,  pero también desde la vereda de la moda y el expendio. Lo que antes era una fachada acristalada mal orientada, se convierte ahora en tres pieles tecnológicas de imposible factura, para solucionar el mismo error conceptual. Así ha aparecido una generación de edificios cuyo diseño conceptualmente erróneo busca en la tecnología hacer eficiente lo ineficiente. Se trata de rizar el rizo del diseño por el diseño, perdiendo toda perspectiva de la lógica, y así es como aparecen auténticos monstruos que buscan autogenerar energía para cubrir su propio derroche, o luchan por conseguir hacer eficiente un diseño de por sí ineficiente, en lugar de replantearse el proyecto desde la lógica geográfica. A veces da la impresión que determinados errores son provocados para dar pie a la justificación de soluciones de lucimiento personal.

Primero el error, despues la solución. ¿Finalmente un premio?

Aparecen entonces algunas certificaciones verdes en base a puntos compensatorios para salvaguardar los errores de diseño, y ensalzar edificios con tecnología de punta, a costos impagables.

 La eficiencia energética en la arquitectura nada tiene que ver con las energías verdes ni contaminantes, sino con un diseño apropiado al medio y un consumo racional y ajustado de energía, se produzca ésta como se produzca.

Ahora bien, ¿Cuándo hablamos de eficiencia energética y sustentabilidad, también lo estamos haciendo implícitamente de calidad de vida?

No necesariamente.

 Un edificio puede ser absolutamente eficiente y sin embargo invivible. La Alhambra de Granada es un conjunto resuelto desde su lugar geográfico mediante un proyecto cuyo diseño busca primero la calidad de vida y después la resuelve proyectualmente desde la sabiduría de la interpretación del medio y las condiciones climatológicas que éste impone.

 En otras palabras la ecuación debe ser al revés.

 Las soluciones sustentables en el diseño de la arquitectura deben alcanzarse desde una propuesta espacial y de uso que garantice la calidad de vida de sus ocupantes, como primer objetivo,  y posteriormente aplicar el sentido común para proponer soluciones creativas que reinterpreten las propuestas vernaculares con inversiones proporcionales. La eficiencia energética, será entonces consecuencia del diseño correcto, y podrá mejorarse y hermanarse con puntales de tecnología de vanguardia, pero no basarse únicamente en ellos. De esta forma diseñaremos edificios pensados para vivir con calidad y menor consumo, y evitaremos esperpentos millonarios con ventiladores eólicos, fachadas solares, triples pieles con cristales de freón, y todo tipo de artificios espectaculares que como una yedra cabalgan sobre los errores conceptuales disfrazándolos de ingeniosas soluciones sustentables, pagadas generalmente con subvenciones de dudoso retorno.

 La discusión se centra entonces en diseñar para generar calidad de vida, aplicando la sabiduría de la arquitectura vernácula con la reinterpretación que la tecnología nos permite, pero sin transar en los conceptos básicos y razonables que deben regir las decisiones del diseño. Si no cometemos errores de diseño, no tendremos que solucionarlos, esa debiera ser la primera regla del arquitecto “sustentable”.

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