Posteado por: Es Cau | octubre 28, 2011

ARQUITECTURA Y MAGIA

Escogí una carta, y desapareció entre el baile de naipes resbalando por sus dedos. Una y otra vez cortaba la baraja desde diferentes posiciones, mientras empezaba a conversarme sobre la suerte de mi elección, ahora entregada a la velocidad de sus movimientos. Empecé a perder el control visual y a la par, el asombro por su habilidad me inundó sorpresivamente. Algunos segundos después me abandoné definitivamente a la suerte de saberme vencido, para disfrutar de su destreza, esperando expectante el último movimiento mágico para llegar a lo inevitable.

¿Estas preparado?

Nicolás, seguro de su actuación, convirtió el negro en rojo, los corazones en picas y los sietes en cuatros, intercambió posiciones con un silbido, y bajo la orden de un chasquido hizo aparecer mi naipe entre sus dedos de viento. Tan sencillo y tan fácil que me pareció que la magia no era una destreza sino que habitaba en él, envolviendo sus movimientos alrededor de un aura teatralmente perfecta.

Manipular la geometría.

La magia de mi hijo, nacida de la constancia y el esfuerzo, perfeccionada por su voluntad de superación en aquello que verdaderamente disfruta y  anhela, me recuerda al potencial mágico de la arquitectura y al arquitecto, que consiguen ordenar el caos hasta transcribirlo en una estética controlada y funcional.

Igual que Nicolás, los arquitectos barajamos mil y una posibilidades, la conjunción de usos, necesidades, estética, tecnología, sustentabilidad y equilibrio, entre otros; y al igual que él necesitamos convertirnos en prestidigidores para alcanzar un resultado excepcional  que inunde de aire las bocas ajenas y paralice la vista, antes de dar paso a la explosión de aquello que nos sorprende mas allá de lo esperable: la obra final.

Nuestra baraja complementa los cuatro palos tradicionales con otros múltiples factores de diferentes signos y calidades, y entre todos entretejen una relación prácticamente infinita de posibilidades, en las que el arquitecto, con chistera y varita, debe ordenar de acuerdo a su capacidad técnica y creativa.

¿Me sigues?

Curiosamente el gran denominador común que entraña la enorme dificultad de controlar el vuelo de las cartas, su posición en la baraja y la coordinación entre naipes y palos, es la tendencia natural al cumplimiento de la segunda ley de la termodinámica, esto es, la tendencia natural de las relaciones hacia el caos.

Bajo estas circunstancias el arquitecto solo puede erigirse en el principal protagonista y focalizar su atención en la creatividad de su proyecto, y muy especialmente, en  la interacción de cada naipe sobre el total de la baraja, para finalmente de forma mágica ser capaz de ordenarlos en una secuencia que garantice el éxito de la obra, que no es nada mas y nada menos que conseguir plasmar fielmente la esencia del proyecto en la realidad.

Suele suceder que en el transcurso de la función algunas cartas van perdiéndose o mágicamente cambiando de número, color, posición o palo, y en ese caos reinante, algunos de los jugadores van ganando la partida a su favor, desplazando el centro energético del proyecto hacia áreas incontroladas, que no se basan en el gobierno del   equilibrio sino en tendencias partidistas. Mas técnico, más eficiente, más fácilmente constructivo, y el temible “as” que todo lo puede, “más barato”, atentan todos contra la calidad final.

El arquitecto, prestidigitador de ilusiones, barajará los naipes, cortará, revoloteará su  varita al vuelo de las pestañas, para finalmente ser capaz de esconder su truco sigiloso entre los dedos, y hacer florecer de entre los pliegues de la tercera dimensión la carta ganadora, el “as” del orden funcional y la estética, el anhelado equilibrio de todos los factores y para todos los jugadores. Orden, proyecto y obra, todo parece cristalizar espontáneamente en el momento adecuado y necesario para encadenar la secuencia final.

Levitando el equilibrio

De la chistera tridimensional asoma un último logro de incalculable valor. Se va mostrando lentamente y se valida con el tiempo, pero la arquitectura tiene ese valor propio que la distingue de las demás artes, y es su capacidad mágica de reunir arte y función, de ser el espejo formal de una sociedad y a la vez contribuir a su felicidad, otorgándole espacios y ámbitos para vivir y desarrollar sus emociones humanas.

Ese es el último gran truco, el postrer artificio del arquitecto-ilusionista, unificando dos variables tan disimiles por separado y sin embargo tan necesarias en su conjunto, no solo para la construcción domestica de cada vida, sino para alimentar las necesidades expresivas y artísticas del alma.

Así el mago, camuflado de  arquitecto, sigue en su cruzada por poner orden en un mundo caótico y deshumanizado, sacando de sus mangas los retos más inverosímiles, de entre sus dedos, naipes delgados como hilos, por sus palmas abiertas, transcurren barajas aéreas, y en esto, mi hijo Nicolás, remata su actuación levitando el siete de corazones mientras le observo incrédulo y callado, como un arquitecto ante su obra. 

Anuncios

Responses

  1. !ostras mi ahijado con un cierto aire vintage que pronto cumplirá los17 años¡ Me ha gustado mucho tu escrito. Tú construyes elementos inamovibles, tangibles y duraderos; y Nicolás crea una arquitectura efímera, pero ambos partis de la creatividad.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: