Posteado por: Es Cau | mayo 12, 2012

SLOW

El movimiento “slow food” nacido en Italia en los ochenta como contraposición a la comida rápida, fue posteriormente derivando hacia otras áreas bajo la misma premisa, que pretende básicamente controlar la velocidad que la sociedad impone a nuestro tiempo, adecuándola a ritmos asociados a una mejor calidad de vida. En la medida que conseguimos priorizar nuestras necesidades y asignarle a cada una el tiempo justo según el disfrute que obtenemos de ella, podremos   entrelazar nuestra vida de forma armónica con el pasar del tiempo, y de alguna forma controlarlo y relativizarlo.

Todo en la naturaleza esta balanceado, es un equilibrio justo entre cuerpo, mente y energía, que permiten que nuestro “yo” único pueda desarrollarse y fluir por el rio del tiempo, dejándonos llevar por las corrientes o buscando remansos de acuerdo a nuestros intereses de crecimiento personal. El tiempo no es pues una constante única, sino una experiencia relativa a otros intereses superiores, y por consiguiente no solo es físicamente relativo sino emocionalmente controlable dejando de lado su edad cronológica.

El mindfullness sería la búsqueda de esas pausas en la mente que nos permitan espacios de sosiego y profundidad plena con nosotros mismos. Un viaje introspectivo que sigue las milenarias enseñanzas orientales del control mental, tan poco valoradas en las veloces sociedades occidentalizadas, que desprecian todo aquello que no sea productivo y nos lleve a la soñada sociedad del bienestar material, con los menores deberes posibles y las mayores exigencias alcanzables. La falta de introspección, auto exigencia y de tiempo para nosotros mismos, nos ha llevado a soslayar los valores elementales que engrandecen los logros personales, en tanto son fruto del crecimiento, el esfuerzo y la paciencia. Acabamos banalizando todo aquello que no sea ampliar nuestro horizonte material y nos olvidamos de vivir en una sucesión de momentos presentes.

La arquitectura también forma parte de ese mundo dual en la medida en que por un lado debe proporcionar espacios para el tránsito de la sociedad tal cual es,  y por otro, ambientes para el desarrollo individual del hombre. Son pues dos arquitecturas teóricamente complementarias y posibles, pero a la vez antagónicas que deben subsistir en un mismo medio. Esta arquitectura podría representarse por las formas asociadas a la velocidad, ajustadas a la sociedad como un todo,  a sus principios, fortalezas y debilidades, pero a su vez también como la arquitectura del hombre, mucho mas introspectiva y llena de pausas, mucho más presente y estática, que futurible. Mientras la una refleja los avances de la tecnología y la materialidad banal del desarrollo, la otra debe actuar para garantizar, al menos en el circulo íntimo, la razón del “ser”, la del hombre como un ser único y universal, entregado a sus emociones, reflexiones y en intimo contacto con su entorno natural.

El ejercicio esta entonces en apostar por el estudio de una propuesta que consiga desde un punto de vista conceptual, formal, estético, tecnológico y material, pero también desde las necesidades emocionales del espíritu, conjugar un resultado equilibrado, que ayude al hombre en su transito por la sociedad que sin darse cuenta esta construyendo.

El Potala. Equilibrio entre modernidad y cultura.

La arquitectura de la velocidad es sin duda mucho más acaparadora y extrovertida, y se erige en el escaparate de venta de cada sociedad. Así mediante ella los emiratos árabes, por ejemplo, pretenden occidentalizarse vendiéndose a esa imagen de modernidad vanguardista tan diferente a su otra realidad de sociedad casi medieval, que tiene en su raíz íntima otra arquitectura, muy diferente, llena de sensibilidades y sabiduría. De esta forma la arquitectura ayuda a consolidar  sociedades contradictorias, llenas de conflictos internos, donde conviven la transparencia de los muros cortina con  las tinieblas del canibalismo cultural.

Otras sociedades, a pesar de no haber escapado tampoco al materialismo exacerbado, si han conseguido conjugar en mayor medida la carga emocional y cultural de su historia, de forma que su transito por la actual modernidad global pueden hacerlo de una forma más íntima, personal y arropada por el abrazo de su historia. EL resultado arquitectónico esta entonces impregnado de valores culturales propios que lo sitúan y le dan valor patrimonial, contribuyendo así con la identidad y el sentido de pertenencia y respeto.

El respeto es lo último que la arquitectura debiera perder, mas allá no hay nada, solo banalidad y capricho, números y economías de un presente volátil. Cuando no entendemos las consecuencias de nuestra obra sobre determinadas sociedades o grupos culturales, despreciando su historia y comprando su futuro desde la oferta y la demanda, nos volvemos responsables de los cambios culturales que nuestra obra alienta, casi siempre irreversibles.

Catedral de Castro. Solo madera, ningún clavo.

Tal es el caso abrumador del Centro Comercial de próxima inauguración en la ciudad de Castro, capital de la isla Grande de Chiloé (Chile), que por su monumentalidad ha conseguido con un solo gesto borrar completamente del paisaje no solamente a su catedral de madera, patrimonio de la humanidad, sino también al pueblo entero, sometido ahora bajo su negra figura. Si otrora las iglesias, símbolo de siglos de historia y cultura, dominaban el horizonte tras largos años de construcción, ahora la nueva mole del consumo se eleva para no dejar lugar a las dudas y otorgarle a la cultura chilote su nueva referencia de bienvenida al desarrollo global, aquel que con la velocidad del rayo acabará por engullir su historia y relegar su cultura a algún gueto o reducto en Disneylandia.

La modernidad. Nuevo referente para Castro. Al fondo su Catedral.

Como arquitecto pocas cosas me han dado tanta vergüenza como esta obra, y la inoperancia e insensatez de las autoridades locales incapaces de proponer regulaciones que modernicen su sociedad desde el respeto y consolidación de su historia, y vergüenza del Colegio de arquitectos de Chile incapaz de hacer sentir su voz en el momento adecuado para pasar a justificarse después cuando no hay vuelta atrás.

Nada peor que mirarse el ombligo y llenarse la boca de discursos.

Para ombligos ya existe Rapa Nui, ombligo del mundo, y su enigmática cultura a la que todavía ningún coloso comercial le ha puesto el ojo, con la venia claro del Colegio de Arquitectos.

IORANA !

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Responses

  1. Aunque han transcurridos muchos años, guardo en mi memoria y en mis sentidos las casas-palafitos de colores, la iglesia de madera construída sin clavos de Castro, cómo crujía el suelo bajo nuestros pies a medida que nos íbamos acercando al altar por el pasillo central y la luz cálida y espesa que nos envolvía; las ostras en el Restaurante Caulín y el cuadernillo que me compré allí con historias sobre duendes, brujas y espectros; en definitiva sobre la mitología de la isla. Estoy segura que “El Trauco” debe tener algo que ver con la construcción del centro comercial para acabar definitivamente con ese “paraíso” tan lejano pero real.
    ¡¡Lucifer debe estar haciendo el signo de la victoria!!!


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