Posteado por: Es Cau | septiembre 15, 2012

VIDA CIRCULAR

La sensibilidad que tenemos hacia nuestra propia energía se va retroalimentando con el legítimo punto de vista cambiante de la edad, llenándonos de incógnitas, reproches y cuestionamientos, que nos permiten avanzar en la sabiduría que la experiencia de vida nos va depositando.

El paso del tiempo va modificando la forma en que administramos esta fuerza interior que nos habita, y se manifiesta entonces rebelándose en los límites de cada etapa para abrirnos las puertas que nos han de llevar hacia otros estados.

Me hago cargo de la ineludible linealidad física de la vida biológica, y de esta misma linealidad que en occidente aplicamos al crecimiento de nuestras mentes y al desarrollo científico y tecnológico. Pareciera sin duda que siempre avanzamos, que el devenir consiste en un crecimiento direccional hacia estados, lugares o realizaciones siempre de mayor complejidad, en una carrera sin fin, sin descanso. Todo a nuestro alrededor se ha vuelto vectorial: el tiempo, el crecimiento interior, el éxito y el fracaso, todo medido en los términos unidireccionales del tiempo y de la  dictadura del “más es mejor”.

A los occidentales nos salva en el último tercio de nuestra vida la proximidad de la frontera final que nos da la oportunidad de recapacitar y doblar el tiempo,  y desde ahí proyectarnos de forma circular. El único avance posible se convierte en un retorno, y así podemos experimentar la necesidad del autoconocimiento, libres ya de esa presión por el crecimiento en términos matemáticos.

Acuñamos entonces un término mágico, más propio de las culturas orientales, que es la masividad en lugar de la linealidad, o dicho de otra forma una manera de entender el crecimiento desde una sensación oceánica. Somos un todo, sin principios ni finales, un vasto océano que nos permite movernos en todas direcciones a la vez, sin vectores que indiquen caminos preferentes, sino senderos sinuosos, circunvalaciones y rutas trazadas por la búsqueda del autoconocimiento con los tiempos propios de cada uno, no necesariamente cronológicos,  en un crecimiento equilibrado entre conciencia, cuerpo y entorno.

Conciencia Oceánica

Para aquellos que dudamos de esta concepción teísta cultural  y religiosa, aparecen preguntas cuestionando el modelo, o al menos buscando en el modelo su evolución hacia una nueva propuesta que se equilibre con la realidad del conocimiento humano actual,  y que nos guie desde la profundidad cuántica hacia una visión mucho más cósmica de lo que somos.

Ya no es evolucionar “desde” el uno, sino “hacia” el uno, abandonando los sueños siempre inalcanzables del exitismo, para centrarse en las búsquedas  de un equilibrio oceánico, mesurado en todas sus aristas, suave, desposeído de urgencias  y preocupado mucho más de la tranquilidad que otorgan las pausas que de los saltos vertiginosos hacia paraísos artificiales. Interiorizando un proceso mental de atención, para que desde una óptica de observador, podamos comprender los procesos que suceden a cada segundo, y vivir entonces el tiempo como una sucesión de presentes.

Los cambios son parte de la necesaria metamorfosis del desarrollo lineal porque nada es para siempre, ni la juventud, ni la salud física, ni las condiciones externas que con esfuerzo  conseguimos, y es por ello que una concepción oceánica de nuestra existencia puede prepararnos con antelación para combatir las decepciones  que conlleva la linealidad, o de ese querer abarcar la inmensidad sin un gramo de peso específico.

Nadie puede mantener su vida inalterable, tangencial al paso de los ineludibles acontecimientos, sobrevolar sin profundizar, correr sin haber caminado suavemente, evolucionar en su conciencia íntima sin antes haberse dado un tiempo para meditar. Hoy en día el pensamiento circular es ineludible en el transcurso de una vida lúcida, lo importante es que en este tiempo de evolución hacia una mayor síntesis de creencias, podamos articular al menos una idea propia sobre la necesaria simbiosis entre cuerpo y mente para canalizar la energía que somos, y hacernos parte del todo oceánico.

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