Posteado por: Es Cau | mayo 10, 2013

ARQUITECTURA Y FÍSICA CUÁNTICA (divagaciones neófitas)

¿Qué diablos tiene que ver la arquitectura con la física cuántica?

Nada y todo.

El futuro es inalcanzable

El futuro es inalcanzable

Desde hace un  tiempo estoy asomado por la ventana de la ciencia viendo pasar las noticias de los avances de la física de las partículas y los razonamientos y opiniones que de todo ello se desprenden en variados ámbitos. Conviene matizar que la mayoría de estos conocimientos o especulaciones son de mediados del siglo pasado, pero que sin embargo, no ha sido hasta ahora que se han hecho más domésticos después de la gran expectación generada por las pruebas del CERN en su búsqueda del Bosón de Higgs.

La primera sorpresa fue asimilar que desde el mundo subatómico de lo inmensamente pequeño podíamos llegar a desenmascarar la infinidad del cosmos y su historia, o comprender desde otra realidad las creencias divinas que han acompañado al hombre desde su despertar.

La teoría universal de la física newtoniana basada en la acción-reacción queda finalmente relegada a un limitado ámbito de actuación, diríamos que de alguna forma doméstico o cercano a la escala humana de lo cotidiano, mientras que en el universo paralelo  de lo inmensamente grande o infinitamente pequeño la realidad se rige desde otros parámetros, los que desde nuestra mente y lógica newtoniana nos parecen, más que improbables, imposibles.

En un caso la teoría de la relatividad ya es un referente conocido, mientras que en el otro, los nuevos avances nos indican que en el cosmos subatómico las partículas pueden existir simultáneamente en diferentes estados hasta hacer sobre ellas una observación que lo defina, conocido como el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, que a su vez puede imaginarse con la teoría del “Gato de Schrödinger”, aquella en la que se discute sobre la posibilidad de que un gato dentro de una caja este vivo o muerto como resultado de la activación o no de un dispositivo con veneno. La teoría cuántica nos dice que el gato se encuentra en los dos estados a la vez: vivo y muerto mientras no se abra la caja y se observe. Es decir ambos estados se mantienen como probables y posibles.

En términos muy domésticos y según algunos autores, la simple observación puede determinar la posición de las partículas subatómicas, por lo que existe un nexo entre las posibles infinitas posiciones y aquella en el que el observador espera que estén. De ser así nos encontramos ante la posibilidad de condicionar, modificar o alterar la realidad, dependiendo de nuestra observación.

Las nuevas tecnologías íntimamente relacionadas con los avances de la ciencia en campos tan desconocidos como el subatómico, ya permiten modificaciones moleculares de determinados materiales, por ejemplo el vidrio, para controlar algunas de sus características, alterando su funcionalidad al gusto del usuario.

El control subatómico de la composición de los materiales sin duda abrirá un espectro de posibilidades aún inimaginable, que se iniciará probablemente con el uso y abuso de la tecnología del escaparate y los edificios de firma a costos estratosféricos. No puede ser de otra forma, y por tanto hay que celebrar que así sea, pero siempre y cuando sus infinitas posibilidades permitan, con el tiempo,  conseguir por medios asequibles espacios habitables más humanos y viables para dignificar la vida de los ciudadanos.

Pensando en términos de ciencia ficción, quizá podamos un día construir edificios basados en el control vibratorio de las partículas modificando su materialidad visual, propiedades y características “al gusto”. Quizá podamos mover, transformar, perforar o eliminar los muros modificando su longitud de onda y jugar con los espacios interiores de las viviendas con absoluta libertad, convirtiendo finalmente los edificios en entes moldeables y “vivos” en respuesta a las necesidades en tiempo real de sus ocupantes.

Quizá también sea posible que el Principio de Incertidumbre nos permita incidir como observadores para determinar el resultado final de la obra, y con ello el proyecto de arquitectura deberá recoger en su planificación un enorme abanico de posibilidades “posibles”, complejizando el proceso de diseño y añadiéndole valor.

Incluso quizá el término “construcción”, ligado inconscientemente a la solidez de lo permanente como un valor, desparezca y sea substituido por un término mucho más pasajero  que potencie precisamente la movilidad y la adaptación al tiempo real. Más que nunca la arquitectura se trasformará en un camaleón.

Todo se vuelve enormemente complejo y muy lejano a nuestra comprensión newtoniana, pero la realidad cuántica provocará en el futuro cambios profundos en nuestra vida, y la arquitectura, en tanto herramienta fundamental para tejer las sociedades en espacios de vida y comunidad, deberá con anticipación, entender primero y proponer después.

Los arquitectos lejos de ser  la figura que se diluye entre ingenieros y técnicos especialistas, deberán volver a su florecimiento renacentista, pero sin pretender abarcar el control de las tecnologías, sino buscando la sociología de dichos avances y desde ellos la re-interpretación de la arquitectura y las ciudades.

El retorno del Arquitecto Renacentista

El retorno del Arquitecto Renacentista

La voluntad del arquitecto no solo decidirá sobre la consideración de determinadas técnicas constructivas, o la inclusión de avanzadas tecnologías en su proyecto, sino que mucho más allá de eso re-descubrirá el componente ejecutivo de la “voluntad”, la voluntad de decisión sobre el Principio de Incertidumbre que envuelve al proyecto, desde su trazo inicial hasta el resultado final, y deberá además considerar al ocupante de su obra como una variable añadida que provocará cambios continuos en la obra “material”.

La arquitectura del nuevo arquitecto renancentista será mucho más líquida, y los cambios provocados por las voluntades introducirán el movimiento de masas, volúmenes y fachadas en la ciudad, que acabaran convertidas en un juego de oscilaciones, modificaciones visuales y  vibraciones. Pasaremos de las luces de neón a la imagen borrosa del cambio permanente, la ciudad en continua transformación. El arquitecto deberá diseñar sobre la base del movimiento de su obra en torno a una infinidad de posibilidades, cambiando completamente la aproximación conceptual al proyecto, que pasaré de ser sólida y estática, a entenderse como energía en permanente transformación.

Este infinito mundo de posibilidades entre diseño, uso y materialización, se abrirá a la voluntad de la razón y con ello a la recuperación del arquitecto humanista, del que el conocimiento ingenieril de la tecnología será solo una pieza en su lugar correcto.

Haciendo un acto de ilusionismo mágico pareciera que la técnica deberá aceptar a la “voluntad” como una nueva herramienta  capaz de incidir dramáticamente en los resultados. De esta forma los caminos muchas veces contrapuestos entre ciencia y espíritu, se cierran en un círculo por descubrir.

Pero, ¿cuál ha de ser la “voluntad” y cómo se manifiesta?

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Responses

  1. Lo primero de todo, he de decir que ha sido un placer conocer tu blog.

    Soy estudiante de arquitectura. Una carrera un tanto trabajosa, que exige mucho sacrificio y tener las ideas muy claras. Sin embargo, yo nunca he tenido esas ideas del todo claras, pues me gusta la arquitectura y estoy disfrutando de mi carrera en la medida de lo posible, pero tengo una espinita clavada que día a día me molesta y me hace reflexionar hasta limites inimaginables; amo la física.

    Desde pequeña me he hecho las preguntas más absurdas sobre los confines del universo y de la composición de todo aquello que nos rodea. Nunca me he conformado con lo que veían mis ojos, y durante estos años en los que he alcanzado cierta madurez cognitiva me he encargado yo solita de buscar respuestas.

    Mientras mis profesores de la universidad me recomendaban libros sobre famosos arquitectos como Le Corbusier, Mies van der Rohe o Frank Gehry yo leía las famosas teorias de Newton, A. Einstein y muchos otros, a cerca del universo y del espacio que nos rodea. Mientras me recomendaban libros como “Espacio, tiempo y arquitectura”, yo leía otros tales como “Espacio, tiempo, y la textura de la realiadad”.

    De manera que, como ya habrás observado, soy un mente inquieta aparentemente frustrada por haber elegido una carrera que no solventa mis ambiciones (o eso creía yo hasta hace pocos minutos).

    Sin embargo, tras haber leído cuidadosamente tu articulo, me he dado cuenta de que no todos los caminos que acaban en Roma comienzan en Italia, pues puedo cruzar en barco y llegar desde Grecia. Hasta ahora me he pasado día y noche pensando en que había elegido la carrera equivocada, que por este camino ya no podría alimentar mi necesidad de respuestas, pero hoy he aprendido que estaba equivocada.

    ¿Qué diablos tiene que ver la arquitectura con la física cuántica?

    Nada y todo, esa ha sido tu respuesta, y con ella me has enseñado un camino que desconocía.

    • El silencioso mundo de mi Blog a veces recibe sorpresas como la tuya. Muchas gracias por tu comentario, y mucho ánimo con tus estudios y acierto con tus inquetudes.
      Saludos


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